22 de diciembre de 2013

Si es que abortan como zorras...

España retrocede cuatro décadas en materia abortiva y vuelve a dividir a la mujer entre los viajes al extranjero y los métodos clandestinos.

El aborto puede ser en muchos casos un asunto de pareja, pero es siempre inevitablemente, una cuestión inherente a la mujer. Por eso hay quien lo regula. En Estados Unidos, Dinamarca, Suecia, Canadá, Holanda, Austria, Noruega, Grecia, China o Cuba entre otros países, se practica la interrupción voluntaria del embarazo. En Israel, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Portugal o Japón entre otros tantos, existe también una ley de plazos que permite a sus ciudadanas, decidir en un terreno tan íntimo y privado. 

Gracias a los hombres de honor que nos gobiernan, la mujer española abandona ahora la consideración legislativa que merecía, para equipararse a aquellas otras que viven en Arabia Saudí, Tailandia, Indonesia, Irán, Egipto, Afganistán o México. Los medios internacionales ya anuncian que la interrupción del embarazo vuelve a considerarse un delito en España. En adelante, toda aquella que se quede embarazada sin desearlo o simplemente engendre un feto con graves malformaciones, puede convertirse en una presunta homicida como se le ocurra decidir sobre el rumbo que ha de fijar su vida. 

Igual que al enemigo del Bienestar en el más acá, le interesa la promesa de un bienestar en el más allá, quien no se encuentra a gusto con sus convicciones, quien sufre acaso un cargo de conciencia insuperable sobre sus actos, quien busca reivindicar lo bello que hay en él -que diría el filósofo-, precisa de una cierta redención; un cierto sosiego de su existencia que sólo puede lograr sublimando controversias idealistas.

Es España un país donde un embrión es un bien jurídico, pero la vida integral de la mujer no es un derecho fundamental. Un país donde su población no sabe distinguir entre feto y zigoto; donde los ultras católicos financian llaveros con muñequitos emplacentados que denuncian su sacrificio. Un país donde los mismos que hasta ayer robaban bebes, denuncian sin firma -y sin concretar denuncia-, que éstos son pasados como tranchetes por las trituradoras de fregar platos. Un país donde sus médicos son llamados nazis por los simpatizantes de éstos. Es España en definitiva, un país absolutista, huérfano de razón, donde una mujer que discuta el dictamen fundamentalista, puede llegar a ser considerada una vulgar ramera. Su embrión es por el contrario sagrado. Sólo hasta que nazca. Una vez parido merecerá el mismo desprecio que su madre o que todo aquel que no piense como ellos.