25 de enero de 2014

Blesa

Blesa goza de su particular entorno, no trata con gente corriente y mucho menos acostumbra a recibir a quienes ha dejado sin blanca. A la salida del juzgado le esperan algunos de ellos. No les había puesto cara antes. Como el tercer hombre subido en la noria del Prater, los efectos de sus resultas siempre se han diluido en "puntitos de rentabilidad" a los que no ha dedicado un segundo de su tiempo. Ahora se ve obligado por unos instantes a departir con sus estafados. Éstos nunca hubieran podido llegar tan cerca de su estafador en alguno de sus cocktailes privados, en una fiesta o un safari. Por un momento, compartir espacio público con sus víctimas parece alarmar a Blesa, que repliega sus brazos en actitud defensiva y expresa de manera instintiva un juvenil "no me pegues". Un par de acompañantes lo secundan mientras la policía abre paso. Ha resultado sólo una breve anécdota. Aplastado el juez Silva, todo sigue su curso. Blesa, como el resto de la élite financiera del país no siente miedo alguno.