20 de enero de 2014

Marca España

¿Es posible la transformación política sin voluntad política? ¿Y una alternativa política secuestrada e hipotecada por la élite económica? 

¿Hasta qué punto es posible hacer gala de un patriotismo higiénico, desinteresado, de verdad, en el único país huérfano de una revolución burguesa histórica con respecto a los países de su entorno? ¿Cuál es el bien, la causa común que atesora entonces dicho patriotismo?¿Cuál el hito argumental al que se apela en su nombre? 

¿Es hoy posible esgrimir la idea de España desde una sincera vocación de concordia, de convivencia en armonía con la razón, la fraternidad y el progreso? ¿Es hoy posible justificar la idea de España sin tolerar una realidad adulterada; sin el tácito consentimiento de gestionar una estafa argumental? 

¿Qué es hoy España sino un gran burdel bendecido por Dios? ¿Cuál es la esencia real de la Marca España sino la más flagrante impunidad? 

Salteadores que eluden responder, pulcros devoradores de lo público, cardenales a caballo, cristofascistas de fina sonrisa, hombres de honor cuya única religión es el dinero y un inmenso desprecio por su pueblo... ¿Alguna patria da más?