4 de marzo de 2014

El populismo como coartada

Josep Ramoneda

La amenaza populista es la coartada de los partidos de gobierno para disimular su impotencia y tapar todo lo que les incomoda.

De aquí a las elecciones europeas, vamos a tener la palabra populismo hasta en la sopa. Se ha convertido en la gran coartada de los gobernantes, en un momento en que son incapaces de enhebrar propuestas políticas que den reconocimiento e impliquen a los ciudadanos. 

(...) El uso de la palabra populismo, por parte de los gobernantes -y de las élites en general-, tiene otro sentido: es populista todo aquello que va contra los planes del complejo político-financiero que nos gobierna, parafraseando la expresión de Eisenhower. Dicho de otro modo, todo aquel que pone en cuestión al poder establecido. Y por extensión todo el que se mueve. Así es populista la extrema derecha xenófoba y antieuropeísta, pero también los movimientos sociales que cuestionan democráticamente los dispositivos de poder existentes. Incluso Izquierda Unida o Iniciativa, perfectamente integrados en el sistema, son a veces tildados de populistas. Y un partido tan conservador como Convergència recibe la etiqueta de populista cuando sale de la vía principal para incorporarse a un movimiento que cuestiona el marco de juego, como es el independentismo.


La acusación de populismo es una manera de mantener latente la idea de que la ciudadanía, poco formada y vulnerable, puede ser engañada por cualquier embaucador, y que, por tanto, hay que limitar el espacio de la representación. La amenaza populista es la coartada de los partidos institucionales para disimular su impotencia y descalificar todo lo que incomoda: el euroescepticismo, la resistencia social, el independentismo. “Voy a luchar por los catalanes”, dice Rajoy, para sacarles del engaño, se sobreentiende. Sin embargo, el mal gobierno de las últimas décadas tiene mucho que ver con el ascenso del populismo. (...) Es un proceso de individualización que en nombre de los nuevos mitos ideológicos, -la competitividad y el emprendedor-, sataniza cualquier idea de lo común y presenta al ciudadano como homo economicus autosuficiente, en lucha con su entorno.

En las dos últimas décadas, Europa entró en una pérdida de la noción de límites, con graves consecuencias económicas, culturales y morales. (...) La desigualdad aumenta, la democracia se estanca. Y nuestros dirigentes tienen el cinismo de decir que el populismo acecha y que ellos se ofrecen como garantes para vencerlo. ¿Recuerdan el capitalismo popular de la señora Tatcher? Es un magnífico ejemplo de populismo que acabó en un desastre social. El populismo (...) no se combate cerrando el sistema político sino todo lo contrario: abriendo la democracia, incorporando a la ciudadanía, sin tener miedo ni a ella ni a su voto.

Fuente: Josep Ramoneda / El País