13 de marzo de 2014

Es más que amor

El cardenal Rouco se despide de su cargo de presidente de la Conferencia Episcopal dejando tras de sí un conmovedor testimonio de amor al prójimo que merece la pena radiografiar. Si hablamos de injusticia social o de la violación de los derechos y libertades de los embriones ya nacidos, todo lo que se puede esperar de Rouco es “rezar para que los gobernantes tengan conciencia moral” (10/07/13). ¿Pero qué ocurre si hablamos por ejemplo del derecho de cualquier mujer a decidir si quiere o no ser madre, o de si una pareja homosexual desea casarse? En esos casos Rouco ya no fía el asunto a la voluntad de Dios sino que “exige la reforma de la ley del aborto y de la ley para homosexuales” (15/04/13). 

En cuestión de matrimonio, nuestro dilecto cardenal supo alertarnos sobre el ataque al que están siendo sometidas las personas heterosexuales: “la actual legislación sobre el matrimonio es gravemente injusta y no protege suficientemente el derecho de los contrayentes a ser reconocidos por el ordenamiento jurídico, como esposo y esposa”. Respecto al papel de la mujer, también tenemos frescas sus palabras: “qué hermosamente canta el salmista ese amor de los esposos que se aman generosamente. Tú, mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa”, y si de crímenes se trata, Rouco es también categórico: “el crimen del aborto ensombrece desde siempre la historia de la humanidad”. No todo crimen, eso sí, parece resultarle igual de abominable: “a veces es necesario saber olvidar” nos dice en alusión a la represión franquista o a las iniciativas de sacar de las cunetas a quienes jamás obtuvieron reparación alguna, católicos incluidos. Es lo que tiene dejar de ser embrión con Rouco.

Menos denunciar injusticias, criticar a los poderosos o alzar la voz de aquellos que tienen hambre y sed de justicia, Rouco ha dedicado sus empeños a ocuparse de estas otras cosas que tanto le alteran. Antes de despedirse, oficia un funeral de Estado por el aniversario de las víctimas del 11-M y no deja pasar la ocasión para volver a denunciar la trama zapaterista que en oscuro contubernio con el entorno de ETA y los sectores más progres de la policía española, derrocó acaso al buen gobierno de la nación: “hubo personas dispuestas a matar inocentes a fin de conseguir oscuros objetivos de poder”. Para Rouco "aún no sabemos los propósitos últimos de quienes lo hicieron". Así se va Rouco. Con un par. Nietzsche nos habla del sacerdote que no es feliz y cuya razón de ser es hacer infelices a los demás. ¿Tendrá fe Rouco?