14 de mayo de 2014

Símbolos patrios

José María Mena
Jurista. Ex fiscal Jefe de Catalunya
Según la Real Academia un símbolo es la representación de una realidad sensorialmente perceptible por unos rasgos que se asocian con ella. Una persona, una bandera, un himno: son los símbolos de una patria. El oído, la vista, la tradición, asocian la música, los colores o las personas con eso que se llama patria. Aquí también. Nuestra Constitución sólo da carácter de símbolo al rey. El rey es “símbolo de la unidad y permanencia del Estado”. (Artículo 56 de la Constitución).  El artículo 4 describe la bandera de España, sin atribuirle carácter de símbolo, aunque no puede ser otra cosa. Y en ningún artículo de la Constitución se nombra al himno del Estado ni de España. 

La bandera de España no es de origen medieval como la cuatribarrada del reino de Aragón, ni tan moderna como la Ikurriña diseñada por los hermanos Arana en 1894. La histórica bandera de los Borbones era blanca, con la cruz de Borgoña, o de San Andrés, con el escudo borbónico. Su mala visibilidad en el mar hizo que Carlos III decidiera que en los buques de la Armada ondeara otra más visible. Encargó catorce modelos, que pueden verse en el museo naval de Madrid, para elegir de entre ellos el más visible. El ganador resultó el rojigualda. La bandera naval española sólo llegó a ser la bandera de España en tiempos de Isabel II, en 1843. Sólo tiene cincuenta años más que la Ikurriña. Pero, a diferencia de ésta, su significado original es simplemente cromático, no ideológico o político. Es un símbolo sin significado, con solera escasa, controvertida e intermitente.

El himno también se remonta a Carlos III. Federico de Prusia tenía una marcha del cuerpo militar de Granaderos, y se la regaló a su ahijada María Amalia de Sajonia que, con catorce años, fue casada, por poderes, con el rey español. Así llegó a la Corte española el himno. En 1908 fue armonizado por el maestro Pérez Casas, perteneciéndole los derechos de propiedad intelectual. Por Decreto de 1997 se acordó adquirir todos los derechos de explotación, reproducción, distribución y comunicación de la “Marcha Granadera” o “Marcha Real Española”  estipulando un precio del 5% de los ingresos de la explotación, “y al margen de todo ello 130 millones de pesetas”. Sin embargo, un Decreto de 1998 aceptó “la cesión a título gratuito a favor del Estado”. Desde esa fecha podemos cantarlo sin pagar a los herederos de Pérez Casas. Pero  es un símbolo incómodo: no tiene letra. Y, como la bandera, es un símbolo sin significado.

El rey sí es un símbolo constitucional. Es símbolo de la unidad y permanencia del Estado. Aunque, como el himno y la bandera, también hay una historia de cambios de colores, de sucesiones y de intermitencias. Pero hay una constante. Todos los reyes cazan. Ciervos en cotos próximos, osos en cotos centroeuropeos, o animales más fieros o más grandes en cotos lejanos. Y en algún sitio tienen que guardar sus trofeos. A esos sitios, para ellos casi irrelevantes, desde la historia más antigua siempre les llamaron pabellones de caza.

Nuestro símbolo también tiene uno. Nos ha costado tres millones y medio de euros. Dicen que él no se gasta dinero en cazar, que le invitan. Es natural. Él puede recibir regalos en atención a su cargo de símbolo del Estado, porque la persona del rey es constitucionalmente inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Si tuviera otro cargo del Estado eso mismo sería delito. Debemos suponer que también le invitan al tratamiento y transporte de los trofeos disecados, como elefantes etc. desde los cotos lejanos hasta nuestro pabellón, que ese sí que es un verdadero símbolo del Estado. Representación sensorial perceptible de nuestra realidad social. Un símbolo con significado.

Una bandera elegida en un concurso de colores náuticos, un himno militar alemán de segunda mano, y un pabellón de caza con elefantes exóticos. Es lo que hay.

Fuente: La Lamentable