9 de junio de 2015

Las recetas

En tiempos de nuestra TV sin competencia, cierto producto de serie B logró turbar por un momento la infancia televisiva de todos aquellos bien entrados hoy en los cuarenta. En algún sórdido laboratorio, un misterioso doctor inmunizaba a su aprendiz para protegerlo de las mordeduras de serpientes con las que allí se trabajaba. A medida que aumentaban los experimentos, lo hacían también las dosis preventivas sobre el alumno, que empezó a sentir alarmantes efectos secundarios: su piel mudaba y sus miembros comenzaban a atrofiarse; él se se negaba a seguir siendo vacunado pero el doctor le advertía del mal irreparable que le podía sobrevenir si abortaba el tratamiento. El miedo se apoderó del joven; el único modo de curarse radicaba en seguir sometiéndose a los diagnósticos. Las súplicas del alumno no podían ya evitar los horribles síntomas tras cada nueva sesión. Finalmente, el siniestro doctor consumaba con éxito su experimento, la horrorosa metamorfosis. La víctima sucumbía para nunca más reconocerse.

El pasado mes de marzo Bruselas indicaba a España la necesidad de una tercera reforma laboral. El FMI exige ahora volver a subir el IVA, abaratar aún más el despido, y nuevos recortes en Educación y Sanidad mediante nuevos fundamentos mixtos de copago. En otras palabras, la gradual y sostenida residualización de la Educación y la Salud públicas. La soga está aún demasiado floja. El gobierno complementa la iniciativa global con la promesa de alcanzar los veinte millones de puestos de trabajo... de varias horas cada uno. El juego no ha hecho sino empezar.