9 de julio de 2015

Grecia y el sueño europeo

En Grecia comenzó a escribirse la historia hace más de 2500 años. Hace apenas cinco, Andreas Papandreu, por entonces primer ministro, confirmaba que el déficit griego era muy superior al publicado oficialmente, e informaba a sus socios europeos de que los distintos gobiernos conservadores que le precedieron llevaban tiempo falseando sus cuentas con la ayuda de Goldman Sachs, el flamante banco de inversión que en Europa vicepresidía Mario Draghi.

Grecia había ingresado en la Unión sin cumplir con los requisitos necesarios para ello, pero eso inquietaba poco a unas elites europeas que ya se habían asegurado la no mutualización de la deuda. La denominada casa común estaba pensada desde exclusivos intereses económicos y no venía mal revestirse de una cierta metafísica: junto a unos cuantos fuegos de artificio y los acordes del himno a la alegría, la estampa del Partenón permitía suspender la ilusión, completar la estampa, otorgar un plus político y socio-cultural a una estricta expansión de negocios.

Demo-cracia: el gobierno de los banqueros

Gracias a nuestros políticos, hoy el poder en Europa es estrictamente financiero; reside en la Troika, compuesta por el FMI, el BCE y la Comisión Europea. Los responsables de las finanzas comunitarias proceden de Goldman Sachs y Lehmann Brothers, y el vicelider de aquella falsificación contable en Grecia es quien preside el BCE. Nos lo advirtió Sarkozy; se trataba de refundar el capitalismo. El francés nunca aclaró hacia qué extremos debía orientarse la nueva ética. Buscando no ser reconocidos, los banqueros mudan de piel. De la noche a la mañana, por arte de birlibirloque, todos se refieren a la Troika como “las Instituciones”. De este modo, los gobernados pueden sospechar que la veraz información que se les brinda debe aludir a alguna institución en particular cuyo nombre desconocen. Es el gobierno de los banqueros.

La ortodoxia económica

Sobre los sucesivos gobiernos griegos recae también una gran responsabilidad. Unos y otros siguieron al dictado las políticas neoliberales. Tampoco corrigieron las enormes fallas fiscales del país. Continúa sin existir un catastro que dé aire a las arcas públicas y el IVA es casi otro exotismo. En lo militar, tanto Grecia como Turquía pertenecen a la OTAN, pero eso es irrelevante. El ejército griego, en secular tensión con su enemigo turco, se ha convertido en una nación dentro de otra nación, y en cuanto a la Iglesia ortodoxa, sigue siendo la mayor terrateniente del país sin pagar un sólo impuesto.

Papandreu no podía ser ajeno a las carencias estructurales del edificio. Los pecados de la derecha eran también los suyos. Él mismo había sido primer ministro en las décadas de los 80 y 90, llegando a gestionar el país con una más que decorosa deuda entre el 30% y el 40% del PIB. Pero la política griega no iba a resultar distinta a la del resto de países periféricos que han hecho de la ortodoxia económica, el nuevo catecismo a seguir durante las últimas décadas. En 2009, el nuevo gobierno socialista salido de las elecciones apenas cobraría virtualidad. La mentira era insostenible y la Troika desplazaba al nuevo gabinete para asumir un poder que desde 2004 estaba en manos de Nueva Democracia, el partido de los conservadores griegos, socios de los populares españoles.

De Nueva Democracia a la Troika

Se cumplen ahora cinco años de la llegada de la Troika a Grecia. En este periodo, las medidas de austeridad han dado como resultado un déficit que ha pasado del 80% al 180% del PIB, los salarios se han reducido en un 40%, y otro tanto ha ocurrido con las pensiones y el consumo. Sólo se han incrementado los suicidios. En este tiempo el país ha conocido dos rescates, en 2010 y 2012; este último llevó aparejada la reestructuración de la deuda al dedicarse el 80% del mismo al sector financiero. En otras palabras, volvían a salvarse las deudas de los banqueros condenando a las arcas públicas de los Estados.

Los acreedores se sucedieron. Los griegos ya ni siquiera deciden a qué se destinan sus nuevas entregas de liquidez. Unos préstamos sirven para pagar los anteriores. Lo que queda tras cubrir intereses, se condiciona a cláusulas menores, como seguir comprando armamento a Francia, Alemania o EEUU. “Dar un préstamo para pagar otro”, son las reglas del club. Cuanto más pagan, más deben. Socialistas y Populares, Pasok y Nueva Democracia, nunca se han opuesto a estos dictados. Algo razonable en términos cínicos teniendo en cuenta que han vivido, objetivamente, de no hacerlo.

Enero 2015: Syriza

Pero el acreedor no es aún consciente de los tremendos progresos del ser humano cuando se queda sin dignidad [Coronel nazi Hans Landa / Malditos Bastardos]. No es la educación sino el sufrimiento lo que provoca la emancipación del pensamiento. Desahuciada, la sociedad griega se niega a seguir recibiendo la insoportable quimioterapia. Grecia dice Basta a la ortodoxia, y a un bipartidismo bananero. La población pierde el miedo, quizá porque no tiene ya nada que perder. Aún sigue respirando y antes de claudicar brota espontáneo un último aliento de erotismo. Se confía el gobierno a una voluntad política real.

Lejos de radicalismos, el nuevo ejecutivo propone a los radicales europeos una sola idea: ir pagando en función del crecimiento; posibilitar un crecimiento económico real. De nada sirve crecer al 1% o al 3% sin una redistribución real de la riqueza. Indocumentados populistas como Habermas, Krugman o Stiglitz participan de la razonable postura e instan a acabar de una vez con la asfixia. El papa Francisco se suma al clamor y hasta se filtran los informes del FMI reconociendo como inevitable una quita.

“OXI”

Prometeo lucha por su liberación. Toda una insolencia. En Grecia gana el No, sencillamente porque los griegos ya saben lo que significa el . Llevan treinta años de ortodoxia y quince de un ininterrumpido. La sociedad quiere pagar, dice a Europa, pero se niega a consagrar la depredación financiera y la servidumbre. Eso es algo que ya han hecho sus anteriores gobiernos. Con el referéndum se replantea, por vez primera desde el Tratado de Lisboa, el debate sobre la construcción europea en términos éticos y políticos. Es por ahora lo único a lo que pueden aspirar los nuevos representantes, defensores de las últimas líneas rojas.

De Ítaca al Sueño Europeo

Ulises forzado a escoger entre Escila o Caribdis. En rueda de prensa el pasado 29 de junio, Juncker amenazaba a los griegos: "Il ne faut pas se suicider parce qu'on a peur de la mort". La frase, cuya traducción más fidedigna deberíamos transcribir como: “no conviene suicidarse; todos tenemos miedo a la muerte”, refleja el nivel de ignominia y putrefacción que ha alcanzado el lupanar europeo. Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, tampoco se queda atrás: “¿Cómo cree el gobierno griego que va a sobrevivir?”.  Es el democrático talante de esta nueva casa común de los horrores. En realidad, tampoco es para tanto lo de los griegos; ya no escriben como antes… Schauble sienten levitar: “espero con emoción la nueva propuesta”. La inquietante sonrisa del rubio alemán evoca a la del mismísimo agente O’Brien en “1984”. Tarde o temprano aprenderemos a amar el Sueño Europeo.