30 de septiembre de 2015

El ser y la nada

“Nada puede llegar al ser por el ser, salvo la nada: la nada es la posibilidad propia del ser, su única posibilidad” nos dice Sartre. El ser y la nada, L´être et le néant... Igual que el doctor Frankestein logró consumar su gran obra haciendo brotar vida de entre los muertos, el azar cósmico quiere que España esté presidida por la encarnación de un ensayo de ontología fenomenológica. ¿No entienden nada? De eso se trata. “Shi, shi...” añadiría su alter ego del programa “Polonia” en TV3. ¿"Bobo solemne"? ¿Aurora boreal? ¿Es el vaso un plato encerrado en su propia contingencia? ¿Y Europa?... El líder de la patria metafísica por excelencia representa, en justa correspondencia, el vacío político en sí, pura inmanencia de lo que no es; la superación del cogito reflexivo por defecto. Vana ilusión que como un agujero negro se engulle a sí mismo cual calcetín antes de que lo percibamos. El Marca y un buen puro, sus guiños, vacilaciones y espantadas, todo responde a una mala pesadilla que nunca ha sido, pues la nada no puede contenerse en lo que es. No hay nada en la nada. En la nada no hay ni Dios. 

Existe una bonita palabra en francés para describir al vago, al haragán: fainéant. Pero no se nos ocurra equivocarnos; si el fainéant representa un dolce far niente existencial, la suma expresión personificada de nada ni siquiera produciría algo; ha de cohabitar necesariamente en una dimensión distinta, paralela. Por eso, elevar a Rajoy a la categoría de algo es, sin duda, no entender nada. 

El impasible fluir mariano respecto al tema catalán devela una realidad mucho más triste y siniestra: Prometeo entre el inmovilismo y la tragedia. España es un asunto no resuelto que emerge en toda su dimensión un par de veces cada siglo. Ya lo decía Espartero tras agasajar a la Ciutat con unas cuantas toneladas de dinamita: “a los catalanes habría que bombardearlos cada 50 años”. Hoy día, no es que los impulsos pretéritos hayan desaparecido; en el fondo, un catalán no deja nunca de ser catalán, pero ahora estas cosas ya no se resuelven fusilando al president o sacando a pasear los tanques por passeig de gracia, y claro, más de uno anda desorientado. El caso es que por estas cosas de las relaciones no resueltas, la fiscalía llama ahora a declarar al actual president en funciones de la Generalitat. Pero no nos desviemos un ápice. Eso tiene ya que ver con la política; no con Rajoy.