5 de septiembre de 2015

Eliminar la memoria

El conde Volney escribió “Las ruinas de Palmira” en 1791. El capítulo XXI de dicha obra, “Problema de las contradicciones religiosas” sigue formando parte indispensable de la mágica galería de tesoros históricos de la literatura. En 1789, Volney vivió personalmente la convocatoria de los Estados Generales. Bien situado y ligado al viejo entramado de relaciones estamentales, rechazó integrar las filas de la aristocracia para nutrir las del Tercer Estado. Tras la Revolución, Napoleón quiso premiarle otorgándole el título de conde. La obra más popular de Volney, un delicioso tratado del pensamiento, disecciona no sólo el fenómeno religioso y sus distintas religiones, también la peor versión del hombre. 

Rescatar a Volney nos obliga a trasladarnos a la altivez de sus vetustas ruinas decapitadas.  Allí volveremos "a preguntar a las cenizas de los legisladores por qué móviles se elevan y decaen los imperios; de qué causas nacen la prosperidad y las desgracias de las naciones; y en fin, sobre qué principios deben establecerse la paz de las sociedades y la felicidad de los hombres". 

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