19 de octubre de 2015

El arte de la apariencia

Por aquello de la transparencia, la página web del PSOE colgó en su día las cuentas del partido. Por ejemplo, el año 2013 se cerró para Ferraz con una deuda consolidada de 65 millones de euros. No suelen resultar infrecuentes a fin de año, gestos navideños por parte de la Banca condonando a los partidos jugosas cantidades respecto a sus deudas contraídas. Algo que desgraciadamente para los socialistas no ocurrió en 2013, ni en 2012. Acaso estos guiños persiguen un cierto sentido de la oportunidad. Aun así, a nadie se le ocurriría pensar que la existencia y cuantía de estos aguinaldos, tan necesarios para el ejercicio de una acción política desahogada, pudiera medirse en función del comportamiento de los recién llegados al poder respecto a sus acreedores... ¿Qué política con mayúsculas realizar respecto a tu fuente de financiación, si de ella depende tu solvencia, tu crédito, y hasta la apertura o el embargo de tus sedes? Ya nos dice Ortega en su España Invertebrada que desconfiemos de las apariencias: “sólo podrá ser lo que se mueve dentro de las condiciones de lo que es”.

“Para la comprensión de la realidad social, lo decisivo es la perspectiva” nos dice también Ortega. Recorriendo la larga travesía de la socialdemocracia hacia la moderación, aún recordamos al PSOE de González insinuando que había que eliminar la “O” de obrero de sus históricas siglas; no iba con los tiempos, nos decían. De igual modo, con su original "ZP" escénico, Zapatero pasó luego a prescindir del puño y Rubalcaba terminó por suprimirlo de raíz. Pues hete aquí que una vez llegados a puerto, encarnados en partícipes de la distorsión global, habiendo quebrado los principios sociales de la Constitución (135.3 C.E) en comandita con los populares, y coincidiendo con éstos en Bruselas en casi todo lo importante, Sánchez y los suyos comprenden que esa tan denostada sociabilidad coreográfica, ahora sólo puede reportar beneficios: desaparecido el debate sobre la "O", se recupera el puño para la campaña electoral, sin olvidar el regreso al rojo pasión para los más acalorados momentos.

Así las cosas y tras alguna turbulencia menor, Irene Lozano logra hacerse un hueco en “el confortable pesebre” socialista, que diría Martínez Gorriarán. Lozano pasa así a llenar el vacío que en su día dejara Rosa Díez. La maniobra busca acentuar el anunciado proceso regenerador. ¿Insuficiente? Quizá se echa de menos no haber integrado en el pack a Toni Cantó para demostrar una voluntad real de cambio. Hasta el PP ha sabido reaccionar con mayor contundencia modificando el logotipo y hasta la tipografía. Es la revolución. Cuando menos, Lozano ya no denunciará la impostura y decrepitud de los dos grandes partidos y se cebará únicamente en los populares.

Lo importante pues, es la moderación, la gran política, aquella donde la diferencia entre las distintas alternativas responde más a las palabras que a diferencias sustanciales. Entre puño y puño, el flamante líder socialista declaró este verano: “Ciudadanos es un partido moderado de derechas con el que nos podemos entender”. Quizá, haberse confesado con tanta claridad motivó recientemente la secuela preelectoral del candidato: "Veremos si nos podemos entender con Ciudadanos". En palabras del rubio teutón: “no hace falta decir nada más”.