28 de octubre de 2015

Mariano desencadenado

Hace poco más de cuatro años, Mariano Rajoy, por entonces aspirante a la presidencia del gobierno era incapaz de responder en plató a una joven sobre sus futuras políticas de empleo: “si…, es que me ha ocurrido algo verdaderamente notable; que lo tengo aquí escrito pero no entiendo mi letra”. La política de Zapatero no había resultado nefasta por ser progresista (menudo palabro), sino precisamente por no serlo. Pero eso era acaso filosofar demasiado. Huérfana de mejores arúspices en los que confiar, la sociedad entregaba su mandato a Rajoy. Finalizada ahora la legislatura, y en puertas de nuevas elecciones generales, suenan las trompetas de la espectacular recuperación mariana ¿pero en verdad se ha producido algún cambio para bien en estos cuatro años? Repasemos la legislatura.

Corrupción

“Nadie podrá probar que no son inocentes” había asegurado el aún candidato a la Moncloa respecto a las imputaciones de sus tesoreros. Toda una declaración de principios. La justicia sin embargo termina concluyendo que hace tiempo que el partido desemboca en una trama de corrupción organizada. Descubierta la cueva, se descubren también las primeras cuentas delictuales y los mensajes privadísimos que el presidente nunca imagina verán la luz: “Aguanta, sé fuerte, hacemos lo que podemos”. Cuando finalmente, y en ineludible compromiso europeo, un periodista logra atravesar el plasma peninsular preguntando por la conveniencia de haber detenido a su hombre fuerte, el presidente responde: “A la segunda (pregunta), ya tal”.

Ocurre que tras meses de requerimientos ignorados, la policía judicial no tiene más remedio que personarse en la sede del partido. En su despacho, nada le consta a nuestro adalid contra la corrupción. Leyendo el Marca le cuentan incluso que los materiales requeridos por el juez en la sede que él preside, han sido formateados, destruidos y renovados, sin él saberlo. Pero aún hay más; eliminadas todas las pruebas posibles sobre el asunto principal, también la causa por el borrado de los ordenadores se pierde…. ¡en la Audiencia Provincial! Saludos a Montesquieu. Como en la canción, la causa judicial “hace chas y (des)aparece a tu lado”. Afortunadamente, y en previsión de la jauría, el juez Ruz guardaba en su casa una copia de su labor. Faltan más héroes.

Bienestar

Pero no corramos despavoridos. “No todo va a ser follar” que diría Javier Krahe. Perdonemos nuestros pecados, así como amnistiamos a nuestros ricos deudores y prosigamos con la hoja de ruta. "Le voy a meter la tijera a todo, salvo a pensiones, sanidad y educación”. Rajoy falta a la verdad una vez más y es precisamente ahí donde mete la tijera; incluido en la hucha de los pensionistas. Mientras sangra a la sociedad, mima a los banqueros. “No pienso dar un solo euro de dinero público a la Banca”. Todo en él es impostura. Uniformizado el tramo del IRPF a partir de los 60.000 euros, exonerados capital y grandes empresas, se lanza sobre los impuestos indirectos [“el sablazo que el mal gobernante le pega a sus compatriotas”] empezando por el IVA; por “los chuches” de su niña.

Maurismo

“Is very dificult todo esto” afirma nuestro representante por el mundo, mientras esquiva las preguntas porque empieza a llover. ¿Qué hubiera sido de cualquier otro presidente huyendo de los periodistas por el parking del Congreso; dando ruedas de prensa escondido tras un monitor, o salpicando su legislatura con esa solemne antología de vacuidades que tanto nos reconforta? ¿Es posible concebir la docilidad mediática hacia Rajoy en la piel de otro adversario político ajeno al partido popular? ¿Y su pasividad, más allá de negar la mayor, respecto a algo tan serio como lo que acontece en Cataluña? "Hay cosas que hacer" y "lo único serio es ser serio" podrían muy bien componer las líneas programáticas de los populares. El vacío retórico no es sólo un acento del moderantismo; conforma su necesaria esencia para desarrollarse a espaldas de la mayoría social. Ya lo decía Maura, egregia referencia liberal a comienzos del XX: "Nosotros somos nosotros".

Empleo

Afortunadamente nos queda el empleo. Rajoy presenta orgulloso su balance de 4.850.000 parados, gracias a que otros 540.000 refugiados laborales se han visto obligados a abandonar su país para seguir adelante. En otras palabras, si la población activa desciende, la población ocupada también lo hace. Resulta así que durante el 3º trimestre de 2011, con Zapatero en el gobierno, trabajaban en España 100.000 personas más que a día de hoy con Rajoy. [18.153.000 frente a las 18.048.700 actuales, según la EPA del propio Instituto Nacional de Estadística]. No obstante la gran broma adquiere solemnidad y los expertos en cuentas devienen expertos en cuentos al mejor postor. “¿Quién habla hoy de recesión y de paro?” afirma el presidente, al tiempo que bulle la macroeconomía y se consolida la temporalidad laboral a la americana.

Agraciados por navidad

Sólo su célebre “aguanta, hacemos lo que podemos” hubiera supuesto en cualquier país de verdad, la automática fulminación presidencial, pero nada parece importar. Todo este insulto permanente, el saqueo organizado, toda esta indigencia y desvergüenza política se torna talla de estadista por arte de birlibirloque. La españolidad no es acaso religión, sino secta. La fe todo lo puede y es ahora cuando llega la política con mayúsculas: pasan de prometer “tres millones y medio de puestos de trabajo” a perseguir la cifra de los “20 millones de empleos” mediante sustituciones en el Burger de la esquina. ¡Rien ne va plus, mesdames et messieurs! Es en el Burger, y acaso en sus contenedores más cercanos, donde descansan las esperanzas de los españoles. Las encuestas ya confirman el recobrado sentido común de la sociedad. Mariano desencadenado, sólo acaba de empezar.