13 de octubre de 2015

Menos Platón y más Reig Pla

Sólo con el tiempo, pasados los años, comprendes por qué te enseñan lo que te enseñan cuando eres joven. Llegaba el profesor de ciencias hablando de erosión, transporte y sedimentación; de estambres y pistilos. El de física te colocaba una gran tabla de elementos: “Cromo: Cr; Plata: Ag”. En clase de historia te endosaban la Santa Alianza como un objeto floral en la repisa de un año concreto. Nuestro humilde ingreso en una sociedad invertida sólo precisaba de la apariencia.

¿Pero qué hubiera sido de nuestro profesor de ciencias de habernos encargado una reflexión sobre la existencia de dinosaurios rumiando en la tierra, setenta millones de años antes de que apareciesen los primeros proyectos de hombre con sus temores y su imaginación? ¿Y si el de física nos hubiera inquirido sobre la eternidad de la materia, el origen del universo y la infinidad del resto de galaxias que nos rodean, en lugar de pasarse el curso hablando del movimiento uniformemente acelerado? Respecto al de historia ahora comprendemos por qué perdió la memoria. Si la educación es la mejor inversión, sólo hace falta atrofiarla para obtener los resultados deseados.

La filosofía como sospecha

Con Teogonía y Trabajos y días, Hesiodo nos lega un primer y bello compendio de los dioses positivos griegos. Platón nos regala sus Diálogos y su idea de la divinidad. La obra de Aristóteles busca otorgar una lógica a esas ideas. El maestro de Alejandro se erige así, no sólo en el fundador de una teología crítica, sino en diseccionador implacable de dicha lógica. Aristóteles somete a examen al Dios pensado por los hombres; se convierte en la antesala de un ateísmo antropológico, en el primer panteísta natural. El repliegue escolástico ya no hablará de pruebas, sino de vías para llegar a la divinidad. Tras los racionalistas, Hegel introduce la dialéctica y despliega su racionalismo espiritual. Llega entonces Feuerbach zarandeando a Hegel, y finalmente Marx, que junto a su ciencia política (materialismo histórico), establece las bases del materialismo filosófico.

En todo este gran itinerario se pueden incluir otros nombres igual de imprescindibles. Todos ellos no conforman otra cosa que una gran sospecha. En otras palabras, cualquier persona, más allá de su ideología política, amante de la reflexión, de la curiosidad, de divagar acerca de la célebre coletilla “¿qué somos, de dónde venimos, adónde vamos?" se ve abocada tarde o temprano a encontrarse con tipos más que subversivos; auténticos antisistema. Por eso la filosofía es gradualmente apartada, marginada. Toda precaución es poca. Temen que alguien pueda toparse con ella por casualidad. Ha de llegar el día limpio, luminoso como el sol, donde 2+2 sean 5 y toda objeción sea anulada. La LOMCE ya se abre camino; siniestro coloso goyesco que nunca se fue. Sólo el sueño de la razón puede salvarnos.