26 de noviembre de 2015

Luces y acción

Resulta curioso cómo al hablar de la inclusión de los políticos en los consejos de administración de las grandes empresas, ciertas miradas parecen virar hacia sus jugosas retribuciones. Pero lo relevante de fenómenos como el de las puertas giratorias no está en los particulares honorarios de los recién llegados a unas empresas que son privadas, sino en el precio que conlleva la admisión de estos ex cargos públicos en dichos consejos; un precio que no puede ser otro que el de la traición al contrato social. Hablaríamos así del incumplimiento continuado de un mandato que ya no mira por los intereses del bien común, sino por los intereses particulares de una determinada empresa que luego recompensa con creces al traidor de lo público.



Un reciente informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, nos dice que el precio de la luz se ha incrementado en un 83% desde el año 2003. Sea cual sea el gobierno de turno, el recibo de la luz lleva doce años consecutivos encareciéndose un 7% de media anual. Más divertido es pensar que cuanto más pagamos, mayor es el déficit de estas empresas. ¿Acaso es malo que la gente gane dinero en una sociedad de libre mercado? Nadie podrá negar el compromiso de los españoles en la defensa de nuestras libertades, y frente al populismo asilvestrado.

Vacunados pues contra el cambio, el Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa insiste en que 33 de nuestras 35 grandes empresas disponen de filiales en paraísos fiscales. Es lo que tiene la gente de honor; que en el fondo son todos unos cachondos. Si la ciudadanía dispone de un derecho de voto cada cuatro años, las grandes empresas responden integrando en sus consejos a aquellos cargos públicos que se caracterizan sensu contrario, por un idóneo comportamiento hacia ellas. Si de luces hablamos, basta con detenernos por un instante en nuestro flamante ministro del ramo, José Manuel Soria. Incierto porvenir sin duda, el de este gladiador comprometido con nuestro bienestar energético, y dispuesto incluso al sacrificio en la defensa de los intereses del pueblo español. Ya nos lo advierte Emmanuel Sieyès en su Ensayo sobre los Privilegios: “Penetrad por un momento en los nuevos sentimientos de un privilegiado. Considera que junto con sus colegas constituye un orden aparte, una nación selecta dentro de la nación. Piensa que se debe en primer lugar a los de su casta, y si sigue ocupándose de los otros, éstos en realidad, ya no son los suyos, sino un conjunto de gente; una clase de hombres creada expresamente para servir, mientras él ha nacido para disfrutar”.