7 de marzo de 2016

De mestizos a mellizos

“Estamos obligados a mezclarnos” afirmaba Pedro Sánchez desde la tribuna en su primer discurso de investidura. Ya nos lo decía El Puma con su Pavo Real: “todo negro pelo recio / con rubia se ha de casar”. Añadía el candidato que el arte de la gran cocina radica en mezclar sabores, ingredientes, texturas y aromas… Razón no le falta. Si acaso, terminar de decidirse por el plato a concurso. Lo que no parece plausible es presentarse en la gran final con una costilla barbacoa rociada al fumet de marisco.

Al tiempo, Albert Rivera escribía a Mariano Rajoy proponiéndole su adhesión al pacto: “he leído con atención el documento que me entregaste en nuestra última reunión titulado “Cinco acuerdos para el consenso”, y comparto buena parte de las prioridades recogidas en él.  De hecho, las cinco propuestas de vuestro documento están en consonancia con el contenido del acuerdo de gobierno”. De postre, el líder de C's declaraba que a él "le da igual que gobierne Sánchez o Rajoy”. No parece albergar distinta opinión Bruselas al comunicar al reino de España que, gobierne quien gobierne, el país deberá asumir su tercer paquete de ajustes, entrada la primavera.

Por desgracia para Sánchez, es en la Europa de la usura privada, sin un BCE con verdaderas atribuciones y a la sombra del 135.3 CE, donde no hay espacio para el ejercicio de la Socialdemocracia tal y como la hemos conocido hasta ahora. Son nuestros amantes acreedores quienes se han encargado de sancionar el fin de las terceras vías y los mestizajes; o si se quiere, de elevarlos a las más altas cotas de la vacuidad friedmaniana. Ya nos lo advirtió Naomi Klein en su Doctrina del Shock: "la nada es bella", y a ella nos precipitamos a tumba abierta.

El Partido Socialista anuncia ahora que no acudirá a reunión alguna sin C's. Al no soltar la mano de Rivera, Sánchez elude cualquier apuesta netamente progresista. Decía Scott Fitzgerald que “uno debería ser capaz de ver que las cosas son irremediables, y sin embargo, estar decidido a transformarlas”. Chomsky, en su célebre tertulia televisiva con Foucault, añadía que "es importante tener alguna dirección sobre cuáles son las metas imposibles que tratamos de lograr, si queremos avanzar en alguno de los objetivos posibles". Pero Sánchez no parece ser muy de Chomsky; ni de Fitzgerald, ni de Klein, ni de Krugman o Stiglitz... Por no ser, no parece ser ni de Pablo Iglesias. Nos referimos, por supuesto, al fundador del PSOE. ¿Cuál sería la opinión del padre del socialismo español respecto a este fin de las ideologías que hoy nos propone su partido?