6 de abril de 2016

La solución final

Dice Platón en el libro II de su República que cuando un Estado crece de manera que no le bastan ya sus propios recursos, los roba a otros Estados. En nuestro tiempo el arte de la guerra, la lucha por las materias primas, se realiza a distancia. Basta con subcontratar y abastecer de armas a los matadores. 

Algunos efectos colaterales llegan hasta nuestra orilla sin saber nadar. Están dispuestos a morir tocando el timbre de nuestro telefonillo. La desfachatez les impulsa a seguir viviendo. Pero el Consejo ha sabido reaccionar. Hoy ya no son trenes de mercancías atestados de humanidad, sino barcos, los que garantizarán las nuevas deportaciones. Tampoco se les negará agua por el trayecto ni se les matriculará. Basta con pagar al gran sultán para que los vuelvan a esparcir por la frontera como el arrocero rocía su arrozal.