12 de abril de 2016

Matar a una mujer

Aristóteles inicia su primer libro del tratado de Política definiendo el patrimonio más elemental que el hombre debe poseer en su calidad de animal social. El maestro de Alejandro determina este patrimonio rescatando un verso de Hesíodo: “lo primero casa, mujer y buey de labranza”. Para Aristóteles, el fundamento social se construye a partir de tres presupuestos: el hombre de familia, la labor de su mujer y un animal de producción que ayude a generar el necesario entramado de relaciones propias de cada comunidad. Este sentido patrimonial que Aristóteles otorga al sexo femenino debe interpretarse desde la lógica ordenación civil y social de la época. La esposa, sin ser sujeto de derechos patrimoniales, se entiende como una posesión; un elemento constitutivo del reconocimiento y la proyección social del hombre. 

Apenas iniciado el pasado siglo XX, el diario ABC  [Hemeroteca 16/09/1910, pags. 3 y 4] daba cuenta de un crimen pasional de cierta trascendencia mediática. Editorializaba el periódico respecto al castigo más apropiado que cierta esposa debía recibir de su marido: “A una mujer corretona no hay necesidad de matarla; basta con escarmentarla. El Sr. Coll, partiéndola una pierna de un balazo, hubiera conseguido todo lo que se proponía, y a buen seguro que doña Nieves hubiera corregido sus nervios; porque no suele ser corriente que las mujeres hagan conquistas amorosas cuando necesitan apoyarse en dos muletas. Este es un procedimiento que yo no vacilo en aconsejar”. Habían transcurrido más de 2.300 años desde Aristóteles.

El día amanece dando cuenta de una nueva muerte por violencia machista. La noticia discurre fugaz entre episodios de mayor relevancia mediática. Una víctima más, ¿para qué contarlas? Las carencias de la humanidad son también las carencias de una humanidad de género. "El hombre, animal feroz, primo del gorila, parte de la noche profunda del instinto animal" nos dice Bakunin. Frente a él, la hembra: su mujer, su esposa..., una suerte de activo en el haber del macho; en su balance existencial; acaso un indicador de su reputación. Mujeres condenadas en un mundo de hombres.