16 de mayo de 2016

Cinco años después

Ortega hablaba de la importancia de la perspectiva para analizar la realidad: “Así educan a sus hijos”; “Boicot a la democracia”; “El PSOE se apropia de la protesta de los indignados”; “Esto huele a Rubalcaba”; “400 profesionales de la algarada en Madrid”; “15 M: 15 mentiras”; “Democracia secuestrada” o “Los indignados festejan su protesta planetaria” fueron algunos de los titulares informativos aparecidos a partir del 15-M.

Pasados cinco años, el azar ha hecho de aquella espontaneidad madrileña una denuncia canalizada en lo político desde el respeto a la ley y el orden. Como consecuencia, el PSOE ha dejado de ser un partido denostado por el tradicionalismo cancerbero para convertirse en un actor político sensato con el que siempre es razonable pactar. Se ha creado un nuevo partido-muelle para salvaguardar a los partidos de gobierno, y “MR” [insuperable la plusmarca del pontevedrés] repetía victoria incontestable con su "aguanta; hacemos lo que podemos" al filtrarse la noticia de que su tesorero acumulaba, en propinas, 49 millones de euros en el extranjero derivadas de la transparente gestión popular. ¿Qué ha cambiado en estos cinco años? Por de pronto, la descalificación. Antes era colectiva. Ahora debe concretarse en su expresión política; en nombres y apellidos.