22 de junio de 2016

"Moderados y extremistas"

¿Recortes? El pago de los intereses y el capital de la deuda pública "gozará de prioridad absoluta" (art. 135.3 CE). Es decir, por encima de cualquier principio o derecho consagrado en nuestra Constitución. ¿Puede explicitarse de un modo más claro que dichos principios han pasado a ser agua mojada?

Los pueblos europeos son lógicamente conscientes de la gradual pérdida de sus derechos y el deterioro de sus servicios públicos pero quizá no han interiorizado aún que la laminación del estado social no se detendrá. No puede detenerse de seguir por el mismo camino. ¿Debe reducirse el déficit a un ritmo más lento, o a costa del bienestar y la cohesión de cada país socio? ¿Es eso Europa? ¿Una gran operación financiera residente en la liquidación de sus sociedades? La pregunta a responder es si hay espacio para el ejercicio de una socialdemocracia real a la sombra de los actuales fundamentos europeos y de la mencionada reforma constitucional de 2011.

La Europa social, denominada del Bienestar, creció durante la segunda mitad del pasado siglo sobre unos pilares constitutivos esenciales: una cierta fiscalidad progresiva, contribución de grandes empresas y fortunas (además de los asalariados), derechos sociales, servicios públicos y una política económica keynesiana o expansiva. La denominada tercera vía de Tony Blair y Gerhard Schröder traicionó todos estos logros asegurando una nueva socialdemocracia bajo presupuestos neoliberales. Se iniciaba una lenta pero constante desregulación del estado social inoculada en Occidente a partir de Reagan y Thatcher en base a los postulados de Friedman y la Escuela de Chicago. Erosión aún sin finalizar.

Hoy ser patriota parece residir en cantar gol y sonreír al Eurogrupo. Compartiendo los grandes trazos económicos del conservadurismo, la socialdemocracia busca desde entonces perdurar distinguiéndose en lo sociológico (matrimonio homosexual, crucifijos o no en las escuelas, otros modos y formas...).  Al tiempo la estética política nos convierte en consumidores de imágenes, slogans, ilusiones vanas, referentes imaginarios y temores. Una lógica primaria que se acompaña de la adulteración del lenguaje: "¿Somos partidarios de políticas moderadas, sensatas y de sentido común o por el contrario de planteamientos radicales y extremistas?". Los parámetros sensatos y moderados de hace unas décadas se han convertido ahora en extremismo. Se han hecho también con el lenguaje.