8 de junio de 2016

Conservadores ante Europa

También la deconstrucción ha llegado a Francia. Les toca; toca a los franceses ser despojados de sus derechos laborales. El sueño europeo no da tregua. Queda por ver hasta qué punto consiente la sociedad galaNo son pocos quienes ven en el país vecino la última trinchera de la Europa social.

Manuel Valls dice no temer una versión “Podemos” a la francesa; "nuestra situación dista de la española" asegura. No le falta razón. Pero Francia alberga a la vez una cierta conciencia histórica, siempre cercenada en la península. El genio de la patria francesa nada tiene que ver con el tradicionalismo patrio español. La conciencia nacional francesa fue siempre social; transversal. Si en España se creaba la Guardia Civil para proteger a los terratenientes de sus miserables siervos y otros bandidos, en Francia medio siglo antes, la Guardia Nacional nacía para proteger a los nuevos ciudadanos frente a los embates restauradores de la aristocracia.

Hollande sólo llegó a amagar. Finalmente, tanto él como su gabinete no se han diferenciado un ápice de sus iguales europeos. Pero tarde o temprano el justo medio francés se verá también forzado a elegir. Fuera de la ortodoxia quedará optar por la ultraderecha emergente o por el ejercicio de una socialdemocracia honesta. Hace tiempo que Bruselas se ha convertido en el Waterloo político del siglo XXI. Sólo un frente común de la Europa periférica, con Francia a la cabeza, podría revertir la usura fundacional de esta Unión Europea.

Decía Azaña: “No tienen más espíritu que el de la destrucción (...) y esto lo hacen los llamados conservadores. Por eso hay que creer que los conservadores somos nosotros". De igual modo, hoy son conservadores en Europa quienes denuncian el secuestro de la política por el fundamentalismo financiero; quienes dicen a la unión pero se niegan a consagrar una UE concebida como un mero producto financiero. Hoy defienden a Europa quienes miran a Francia y la sienten como propia. Allons enfants. El irracionalismo ha llegado para quedarse. La creciente conciencia social respecto a la urgente necesidad de una respuesta política es lo que está aún por determinar.

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