1 de noviembre de 2016

Del honor, el sentido de la patria y otras carencias

Resulta significativo cómo ciertos tertulianos ultracentristas gustan de distinguirse en sus tertulias. “Bienvenido don Fulano”; –“Bien hallado don Mengano”. Laudatio non petita… En su Espíritu de las Leyes (III/VI) Montesquieu nos habla del honor prefabricado como un revestimiento dirigido a suplir la falta de integridad. En sus Cartas Persas (LXXVIII) añade: “[en España] el bigote es respetable en sí propio; no por sus actos”. Sabido es que las Cartas de Montesquieu pecan de ciertas licencias literarias (en lo que toca a la península, nunca cruzó los Pirineos) pero hay que reconocerle al francés un olfato de escualo en lo relativo a nuestros patriotas vocingleros.

En la Casa de la Gestora, antigua Casa del Pueblo, quienes gustan de reivindicar la memoria de Pablo Iglesias (histórico marxista y fundador del PSOE), han terminado propiciando la investidura de Mariano Rajoy. No se esforzaron siquiera en exigir a otro candidato. Rajoy es el líder del primer partido de la historia de la democracia española en ser juzgado como organización criminal (ver capítulo VI de nuestro Código Penal: “De las organizaciones y grupos criminales”). El hombre del “aguanta; sé fuerte”, del “hacemos lo que podemos” o del “nunca podrá probarse”; presidente de una empresa que cuando no tiene más remedio que descubrir que sus trabajadores delinquen, no sólo no los denuncia, sino que pone su servicio jurídico a trabajar buscando la anulación de la causa. “Ehhhh, pues mire, ehhh, no tengo, ehhhhhhhhhhhh, conocimiento del señor Francisco Correa, es decir, no tengo claro que lo conozca…” añade nuestro bromista estadista contemplando cómo se pasa la vida; cómo se viene el refrendo, tan callando.

¿Alternativas? Tras su particular No a Rajoy, “más claro no lo puedo decir”, Rivera y Ciudadanos se confirman ya como una adorable troupe felliniana, capaz de escenificar con absoluta solvencia la última escena de 8 ½ trombón incluido. Vesti la giubba e la faccia infarina, Girauta, Villegas, Toni Cantó o el artista anteriormente conocido como Félix Suco garantizan una regeneración de talla. ¿Y Podemos? Pablo Iglesias se equivoca, acaso con estrépito, erigiéndose en el Jesús del templo frente a los mercaderes. Uno de los principales problemas de la izquierda es una incomprensible exigencia estética que debe acaso justificar ciertas líneas de pensamiento, pero el grado de compromiso político no se demuestra necesariamente en la calle, sino en una práctica institucional, honesta y concreta, de las propias convicciones. Nada más deseable a ojos del poder que un Iglesias subversivo cuya verdadera dimensión se encargarán de afinar adecuadamente... Carne de cañón.

Si la Izquierda pretende el rescate de la democracia, no tendrá más remedio que encontrarse y caminar unida. El Partido Socialista parece abocado a afrontar su particular desafío ontológico. Ser o no ser. Respecto a Podemos, quien aspira a reconducir el presunto pensamiento secuestrado de una gran mayoría social, debe procurar, antes que nada, ser reconocido en clave de su adulterado lenguaje. Podemos no debe rechazar una cierta liturgia del ideal que permita reconocerlo. ¿Acaso el neoliberalismo no se define como moderado sentido común? La Izquierda que está por llegar será, necesariamente, una gran coalición de país o no será.

 “Sea cual sea la forma del régimen político siempre gobiernan los mismos” diría Joaquín Costa en su ensayo sobre la oligarquía en España. Validando el caciquismo y dando carta de naturaleza al turnismo, el liberalismo de fines del XIX ya había asumido que la península, más que caverna de Platón, era cueva de Alí Babá. A fin de cuentas, ¿quién era el pueblo español para pretender reconducir una patria que nunca le había pertenecido? Hoy como ayer, Valle Inclán y el esperpento. En cualquier país de verdad, semejante candidato a la presidencia hubiera sido no ya inhabilitado, sino sacado por la ventana el mismo día de su primer sms, ¿pero acaso España, Luz de Trento, espada de Roma y cuna de San Ignacio, merece otra cosa que un alma contemplativa llamada Mariano? Vayamos pues, con flores a María. Si España deseaba moderación y sentido común, ahora tendrá dos tazas.