4 de noviembre de 2016

Traidores

Tras seis meses pregonando el "No es No" como lugarteniente de Pedro Sánchez, el grouchomarxista Antonio Hernando no dudó en pegar el chaquetazo. Como en el chiste de Miguel Gila, sólo le faltó aquello de "¡Le dimos una paliza entre todos!...".

Alberga Hernando una cierta vis de clown. No hablamos del payaso amable, entrañable, aquel que parte de nuestra animalidad para denunciar acaso una absurda humanidad. Hernando es más Payaso diabólico; tiene algo de mal sueño. Sin saber muy bien por qué, sientes cierto desasosiego al verle; la necesidad de abrir las ventanas o huir a la nevera a por un refresco... Serán precisos mejores actores para seguir estafando a los simpatizantes. La mirada de José Martí Gómez, en La Lamentable.

Traidores

José Martí Gómez

En 1994 recorrí Vizcaya junto a Eugenio Madueño. Gentes de la UGT nos contaron que en un mitin de Felipe González uno de los líderes sindicales le gritó “¡Traidor!” y luego rompió a llorar, inmerso en la contradicción de ser fiel al sindicato siendo consciente de que el PSOE y la UGT ya no eran conciliables.

La palabra traidor no me produjo sorpresa. Mi padre, socialista de toda la vida, había muerto en 1993 pero mucho antes de morir cuando ponía el Telediario y salía Felipe González lo cerraba tras llamarle traidor.

Yo había entrevistado en 1988 al ministro Carlos Solchaga. Me dijo:
–España será el paraíso de los jubilados.
Cuando lo leyó, mi padre me preguntó:
–¿Y cuando te dijo eso no lo enviaste a la mierda?
–No –le respondí.
–¿Qué clase de periodista eres tú?– masculló.

Leo que a los 15 diputados socialistas disidentes con la abstención se les va a abrir un expediente. Yo abriría expediente a los que votaron por la abstención.

Creo que muchos de ellos lo debieron pasar muy mal, debatiéndose como el sindicalista vasco entre la fidelidad al partido y la traición a sus principios.

El compañero Hernando no. El compañero Hernando lo traga todo. No se comprende de otro modo que tras repetir hasta la saciedad “no es no” ahora haga encaje de bolillos defendiendo lo indefensable.