12 de enero de 2017

Adiós a Gonzalo Puente Ojea

"Pablo no perseguía sólo un fin espiritual, sino un fin político. Pablo es súbdito del imperio romano. El Imperio significaba la garantía de la protección de la religión y aseguraba, al mismo tiempo, un pacto civil entre el propio imperio y todos sus territorios. Pablo lanza una ideología de carácter universal; de tipo pacifista y prerromana. La tradición mesiánica de Jesús es justamente la contraria: rebelión contra el imperio romano y el establecimiento del reino mesiánico en Jerusalén en virtud de las promesas míticas de la antigua iglesia judía, desaparecida tras la guerra judía (70 d.c). Pablo funda el cristianismo desde los fundamentos de la tradición mitraica, osiríaca y helénica". 

Nos deja Gonzalo Puente Ojea a la edad de 92 años. Diplomático, ensayista y potente divulgador con una treintena de libros a sus espaldas.

En 1974 Puente Ojea publicaba un excepcional ensayo de investigación, Ideología e Historia -La Formación del Cristianismo como Fenómeno Ideológico-. No era su primera obra, pero sí quizás, aquella en la que plasmaría alguno de los ejes principales en torno a los cuales iba a desarrollar su gran proyección intelectual.

Ideología e Historia ofrece una aguda aproximación al materialismo histórico, para posteriormente, diseccionar, con penetrante lucidez, la meritoria labor paulina de conversión que discurre desde el Jesús histórico al Jesús de la teología. Fe cristiana, Iglesia y Poder; Ateísmo y Religiosidadel estudio del Evangelio de Marcos desde un espíritu crítico, Elogio del Ateísmo o el más reciente La Cruz y la Corona son algunas referencias de una obra inestimable que escruta los distintos fundamentos del fenómeno religioso, y del cristianismo en particular.

Puente Ojea no se andaba por las ramas. Intransigente frente a la tergiversación, zarandeaba sin remilgos a catequistas, magos o fabulistas desde una lucidez privilegiada.  Pero al igual que Sócrates, no era él quien proclamaba verdades absolutas; le bastaba con esperar y limitarse a refutar pregones ajenos, y de paso, a desenmascarar sus carencias. Lo despedimos con la honda tristeza del profano que no olvida las enseñanzas de tan privilegiada instrucción.