7 de octubre de 2017

De corruptos, rebeldes e identidades

Companys aplaudía a Azaña al grito de "¡Viva España!" y el presidente de la República le respondía “¡Visca Catalunya!”. Ganivet, Unamuno o Pi y Margall coincidieron en que hay muchas maneras de entender la idea de España. Amadeo I resultó bastante más explícito al señalar a los verdaderos culpables de todos los males de la nación española: “Quienes más dicen defenderla”. Juan de Mairena se lamentaba porque en este país quienes se hacen llamar patriotas han sido siempre el mayor lastre para la construcción nacional; los mayores antiespañoles. 

“¿Leoncitos a mí?" 

El 30 de marzo de 2006 el Congreso de los Diputados aprobaba el proyecto de ley de reforma del Estatut de Cataluña, en vigor desde 1979. Apenas dos meses después, un 25 abril, Mariano Rajoy posaba junto a los leones del Congreso con cuatro millones de firmas recabadas por toda España contra Cataluña. Ya lo decía el Ingenioso Hidalgo: “¿Leoncitos a mí?”. El Partido Popular había decidido organizar su espontáneo y particular referéndum en respuesta a la inminente entrada en vigor del nuevo Estatuto catalán. Funesto presagio.

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